
Esa noche después de semejantes espectáculos porno gays, Juan debió quedarse a dormir en la casa del anfitrión, Sergio. Era tarde ya, pero ambos decidieron volver a jugar a la competencia que ponía como castigo actividades sexuales. Era obvio que algo iba a pasar entre ellos, puesto que no había nadie más.
Juan y Sergio comenzaron a sacarse una a una las prendas, cada vez más deseosos de saber quién protagonizaría alguna de las escenas porno gays por ambos imaginadas.
Sergio fue quien perdió y Juan decidió que su castigo sería tener sexo con él. Lo dijo en tono de broma, para ver cuál era la reacción de Sergio, quien le confesó que estaba esperando que se lo pidiera. Su excitación fue tal que antes de que Sergio terminara de decírselo ya tenía el pene bien duro.
Sergio se acercó y le dijo que tenía ganas de hacer todo lo que habían visto más tarde en las películas porno gays que habían alquilado. En sus fantasías, Juan siempre había soñado recrear momentos porno gays con Sergio, ya que era el que mejor cuerpo y miembro tenía de los seis.
Entonces, comenzaron a besarse, con temor al principio, pero con tanto placer que gemían sólo por sentir sus cuerpos desnudos rozarse.
Llevaron sus penes a sus respectivas bocas y comenzaron un 69 perfecto. Parecían actores de filmes porno gays con años de experiencia, siendo que ninguno había tenido sexo antes.
Juan le pidió a Sergio que lo penetrara. Con dificultad al principio, pero luego con el más ardiente deseo se fundieron en movimientos que los hicieron acabar casi al unísono.
Ese jueves ellos habían ido un paso más allá que los demás y prometieron que impondrían ese tipo de penitencia a quienes perdieran el juego de allí en adelante.

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