tema gay
Masajes a domicilio
Siempre tuve la fantasía de ser masturbado por otro hombre. Desde hace unos años, gracias a páginas web porno gays he descubierto mis inclinaciones homosexuales. Tengo 35 años y hasta ahora sólo tuve sexo con mujeres, aunque había llegado la hora de ir más allá.
Las ganas que tenía de cumplir mis fantasías porno gays me llevaron a contratar por teléfono a un masajista para hombres que encontré en un aviso en el periódico local.
Media hora después de haberlo contactado, llegó. Había llegado hasta aquí, ansiaba cumplir mi deseo, pero estaba muy nervioso.
Abrí la puerta y me encontré con un muchacho de estatura mediana, moreno, con una hermosa sonrisa. Se presentó con el nombre de Franco; lo hice pasar, le ofrecí un trago y estuvimos hablando hasta que me ofreció comenzar con la sesión.
La verdad yo ya estaba algo excitado, sobre todo luego de que se me acercó para prepararse y pude oler su perfume propio de un hombre bien puesto, tal como había imaginado en mis fantasías porno gays.
Me recosté en la cama de espaldas, sólo con un boxer puesto. Luego de buscar cremas y lociones se acercó, se sentó sobre mi cola y empezó su tarea. Yo me sentía en las nubes, mi pene pujaba por salir. Afortunadamente él no lo veía. Temía que no le agradara mi propuesta de que me masturbase, mi más recurrente escena de las películas porno gays.
Cuando me hizo dar vueltas, se lo pedí. Le conté que era uno de mis más íntimos deseos porno gays. Me confesó que ese servicio tenía otro precio, al cual accedí. Me sacó los calzoncillos y recibí la masturbación más caliente de mi vida. Después de eso, nunca más volví a verlo.
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